Jackson Cionek
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Neurodiversidad, Jiwasa y circulación de los liderazgos

Neurodiversidad, Jiwasa y circulación de los liderazgos

Proteger la diferencia sin convertir la protección en un escudo para el daño

Imaginemos dos situaciones.

En la primera, una persona autista solicita recibir con anticipación el orden del día de las reuniones, utilizar un lenguaje directo, contar con pausas programadas y tener la posibilidad de responder por escrito. Sin estas adaptaciones, la sobrecarga sensorial y la velocidad de la conversación reducen su capacidad de participar. El apoyo no crea una ventaja injusta: elimina barreras para que su percepción pueda formar parte del grupo.

En la segunda situación, un líder humilla a sus empleados, castiga la discordancia, miente sobre impactos ambientales y justifica todo diciendo:

“Así es como yo funciono. Deben respetar mi diferencia.”

Estas situaciones no son equivalentes.

La primera persona está pidiendo condiciones que hagan posible su participación.

La segunda intenta convertir una explicación —auténtica o fabricada— en permiso para causar daño.

Llegamos, entonces, a un dilema que necesitamos pensar juntos:

¿Cómo podemos proteger plenamente a las personas neurodivergentes sin permitir que el lenguaje de la inclusión sea apropiado por quienes utilizan riqueza, autoridad o ideología para escapar de las consecuencias del daño que producen?

La neurodivergencia no es ausencia de humanidad

Durante muchos años, el autismo fue asociado de manera simplista con la falta de empatía. Las investigaciones más recientes presentan un escenario mucho más complejo.

La empatía no es una capacidad única. Podemos distinguir, por ejemplo, entre reconocer el estado emocional de otra persona, resonar afectivamente con su sufrimiento y sentir un compromiso moral de cuidar.

Las investigaciones sobre el problema de la doble empatía también indican que la incomprensión puede ser recíproca. Las personas no autistas también pueden tener dificultades para interpretar con precisión las experiencias y expresiones emocionales de las personas autistas.

Por lo tanto, las diferencias en la comunicación, el contacto visual, la expresión facial o el tiempo de respuesta no demuestran ausencia de afecto, preocupación moral o compromiso con el colectivo.

Una persona autista puede no comprender inmediatamente una ironía y, aun así, sufrir profundamente cuando descubre que alguien resultó herido.

Otra persona puede reconocer con gran precisión las emociones ajenas y utilizar ese conocimiento para manipular.

Los estudios sobre la llamada Tríada Oscura —maquiavelismo, narcisismo y psicopatía entendidos como constructos de investigación, no como diagnósticos clínicos automáticos— muestran que la empatía cognitiva puede coexistir con la manipulación. Comprender lo que otra persona siente no garantiza preocupación por su bienestar.

No debemos confundir la dificultad para traducir señales sociales con la decisión de utilizar a las personas como instrumentos para obtener lucro, poder o victoria ideológica.

El “mercenario de la monetización” no es un neurotipo

La expresión mercenario de la monetización debe entenderse como una crítica ética y política, no como una categoría psiquiátrica.

Describe a una persona o institución educada para convertir casi todo en resultados mensurables:

el territorio en activo;
el bosque en flujo de caja;
la atención en interacción;
las personas trabajadoras en costos;
la infancia en mercado consumidor;
el sufrimiento en externalidad.

Esta manera de actuar no surge de la neurodivergencia. Puede ser enseñada por sistemas de recompensa, castigo, prestigio y competencia.

La persona aprende que:

“Escuchar nos hace más lentos.”

“Cuidar aumenta los costos.”

“Dudar debilita la negociación.”

“Compartir reduce el control.”

“Reconocer el sufrimiento amenaza las ganancias.”

“Entregar el liderazgo significa perder importancia.”

Dentro de este sistema, la empatía no necesariamente desaparece. Puede ser silenciada cada vez que interfiere con la meta.

Las investigaciones sobre comportamientos antiéticos realizados en beneficio de una organización ayudan a comprender este proceso. Una persona puede violar principios éticos mientras cree que está protegiendo a la empresa, al líder, a la nación, a la religión o a la causa.

El lenguaje modifica el significado moral de la acción:

“No estoy perjudicando a las personas trabajadoras. Estoy reduciendo costos.”

“No estoy destruyendo un territorio. Estoy aumentando la productividad.”

“No estoy mintiendo. Estoy protegiendo la institución.”

“No estoy matando inocentes. Estoy cumpliendo una misión contra el mal.”

El problema, por lo tanto, no es simplemente que alguien “no sienta empatía”.

El problema más profundo es un sistema que enseña a dejar de escucharla cada vez que la vida de otra persona se convierte en un obstáculo para el dinero, el prestigio o la pureza ideológica.

No necesitamos diagnosticar el autoritarismo para contenerlo

Cuando figuras políticas, ejecutivas, militares o religiosas manifiestan crueldad, podemos sentir la tentación de explicar sus conductas mediante un diagnóstico psiquiátrico.

Esa respuesta suele llegar tarde y puede ser peligrosa.

En primer lugar, no se debe diagnosticar públicamente a una persona sin una evaluación clínica adecuada.

En segundo lugar, reducir el autoritarismo a una patología individual puede ocultar su dimensión institucional.

No necesitamos una etiqueta psiquiátrica para reconocer que un líder:

  • deshumaniza a sus adversarios;

  • amenaza las instituciones;

  • destruye mecanismos de contestación;

  • utiliza el engaño sistemático;

  • estimula la violencia;

  • captura recursos públicos;

  • castiga a quienes denuncian;

  • convierte poblaciones enteras en enemigas.

Estas son acciones, estructuras y consecuencias observables. Pueden y deben ser evaluadas política, jurídica y éticamente antes de considerar cualquier explicación clínica.

El diagnóstico pertenece al cuidado clínico. La responsabilidad pertenece a los actos, los daños y las relaciones de poder.

Cuando confundimos estas dimensiones, corremos el riesgo de estigmatizar a las personas neurodivergentes y, al mismo tiempo, dejar intactas las instituciones autoritarias.

La persona rica puede ser llamada excéntrica mientras otras reciben diagnósticos

El dinero no cura una condición psiquiátrica. Pero puede absorber, ocultar o transferir sus consecuencias.

Una persona con pocos recursos que pierde compromisos repetidamente, interrumpe a los demás, toma decisiones impulsivas o rompe vínculos puede perder empleo, vivienda y apoyo social. Su conducta rápidamente se vuelve visible como disfunción.

Una persona extremadamente rica puede contratar profesionales para organizar su agenda, reparar sus errores, proteger su reputación, alejar a quienes discrepan y transformar su manera personal de funcionar en la regla operativa de toda una empresa.

Una persona es descrita como incapaz.

La otra es presentada como excéntrica, intensa, disruptiva o visionaria.

La diferencia puede no estar en la gravedad de la conducta, sino en quién es obligado a vivir con sus consecuencias.

La riqueza puede comprar distancia frente a la corrección.

También puede producir una separación entre la imagen moral de la persona y las acciones de sus organizaciones.

La persona física —el CPF, en términos brasileños— puede hablar con cariño sobre paz, familia, sostenibilidad y compasión.

Al mismo tiempo, sus empresas, fondos, holdings y estructuras de inversión —sus CNPJ— pueden financiar deforestación, contaminación, explotación laboral o destrucción de comunidades.

La fragmentación protege la autoimagen:

La persona habla de paz.
La empresa maximiza el retorno.
El fondo distancia el origen de la ganancia.
La estructura jurídica distribuye la responsabilidad.
Y nadie parece haber tocado directamente la herida.

Pero el daño siempre alcanza algún Cuerpo-Territorio.

Alcanza los pulmones que respiran aire contaminado.
La familia que pierde el acceso al agua.
La comunidad expulsada de su tierra.
Las personas trabajadoras que absorben la presión.
Quienes deberán cuidar las enfermedades producidas por la inversión.

No basta con preguntar si la persona es amable. También necesitamos preguntar qué hacen sus empresas e inversiones cuando ella no está mirando.

La adaptación razonable no es impunidad

La Ley Brasileña de Inclusión y la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad defienden la igualdad de oportunidades, la protección contra la discriminación, la autonomía y las adaptaciones razonables.

Estos derechos son esenciales.

Pero también nos permiten formular una distinción fundamental:

Una adaptación modifica una barrera. No elimina el daño causado a otra persona.

Alguien puede necesitar comunicación directa. Eso no le concede el derecho de humillar.

Puede necesitar previsibilidad. Eso no le otorga control absoluto sobre los demás.

Puede necesitar aislamiento sensorial. Eso no autoriza el castigo de quienes discrepan.

Puede comunicarse de una manera poco habitual. Eso no transforma la corrupción, la coerción o la violencia en características protegidas.

Una persona puede necesitar apoyo y seguir siendo responsable de reparar el daño causado.

Ambas afirmaciones pueden ser verdaderas:

“Necesito una adaptación.”

“Mi acción hirió a alguien y debo responder por ella.”

Proteger la dignidad no significa infantilizar.

Reconocer responsabilidad no significa retirar derechos.

La protección debe acompañar a la persona; la fiscalización debe acompañar al poder

Debemos evitar construir un sistema tan desconfiado que cada persona neurodivergente tenga que demostrar repetidamente su condición antes de recibir apoyos básicos. Eso reproduciría la exclusión bajo el lenguaje de la protección.

Las adaptaciones cotidianas deben ser accesibles, individualizadas y basadas en barreras reales.

El ejercicio del poder, sin embargo, exige otro principio:

La protección debe acompañar a la persona. La fiscalización debe acompañar al poder.

Cuanto mayor sea la capacidad de alguien para afectar a trabajadores, comunidades, recursos públicos, ecosistemas e instituciones, mayores deben ser las exigencias de:

  • transparencia;

  • auditoría independiente;

  • trazabilidad de las decisiones;

  • protección de denunciantes;

  • evaluación de impactos humanos y ambientales;

  • límites de mandato;

  • contestación efectiva;

  • reparación de los daños;

  • separación entre autoridad personal y supervivencia institucional.

Estas salvaguardias no son necesarias porque la persona líder sea neurodivergente o neurotípica.

Son necesarias porque ningún Weichö —independientemente de su neurotipo— debe poseer suficiente poder sin control como para transformar sus límites perceptivos en el destino colectivo de todas las demás personas.

La ley debe proteger la diferencia sin proteger la dominación

Este es el centro del dilema.

Los derechos creados para proteger a las personas neurodivergentes no pueden convertirse en refugio retórico para liderazgos que exigen libertad frente a toda corrección.

Al mismo tiempo, el temor a posibles abusos no puede ser utilizado como excusa para debilitar los derechos de las personas con discapacidad o tratarlas como sospechosas permanentes.

La distinción no puede depender únicamente de impresiones sobre la personalidad.

Debe basarse en preguntas sobre poder y consecuencias:

¿La persona está solicitando acceso o una exención de responsabilidad?

¿La adaptación permite participar o concentra el control?

¿Las demás personas pueden discrepar con seguridad?

¿Quién absorbe las consecuencias de la conducta del liderazgo?

¿La explicación ayuda a comprender o se utiliza para silenciar a quienes sufrieron el daño?

¿La institución puede sustituir a la persona líder antes de que el daño sea irreversible?

Así nos alejamos de la pregunta peligrosa:

“¿Esta persona es normal o anormal?”

Y nos acercamos a una pregunta más democrática:

¿Qué apoyo permite que esta persona participe y qué límites institucionales impiden que cualquiera convierta la diferencia, el dinero o la ideología en un poder imposible de corregir?

Jiwasa no es tolerancia ilimitada

En la formulación de BrainLatam, Jiwasa es un “nosotros” verdadero en el que nadie necesita desaparecer para pertenecer.

Pero Jiwasa no es un grupo que tolera todo para parecer inclusivo.

También debe incluir la humanidad de quien sufrió el daño.

La persona neurodivergente pertenece.

La persona trabajadora pertenece.

Quien denuncia el abuso pertenece.

La comunidad afectada por la contaminación pertenece.

La persona que discrepa con el liderazgo pertenece.

Un colectivo deja de ser Jiwasa cuando solamente el dolor, la identidad o la misión de la persona más poderosa son considerados reales.

Por eso, una institución orientada por el Jiwasa debe preguntar:

¿La participación se amplió o el poder se concentró?

¿La explicación se utilizó para comprender o para evitar la reparación?

¿La persona afectada fue escuchada?

¿El liderazgo puede ser corregido?

¿Quien cuestiona la autoridad continúa perteneciendo?

¿Es posible cambiar el liderazgo antes de que la institución sea destruida?

Multiplicación Dialógica: el liderazgo debe permanecer transformable

Danilo Silva Guimarães advierte sobre la metodolatría: el momento en que un método se convierte en autoridad y decide de antemano qué experiencias merecen ser reconocidas.

Su propuesta de una Psicología Indígena sugiere que los encuentros con comunidades indígenas e interétnicas deben transformar no solamente a quienes participan, sino también los conceptos, las preguntas y los métodos de quienes investigan.

Podemos llevar este principio al liderazgo.

Una persona neurodivergente no debe ser silenciada por la norma dominante.

Pero ninguna persona líder debe utilizar su singularidad para silenciar al colectivo.

Un liderazgo dialógico no pregunta solamente:

“¿Cómo puedo hacer que el grupo comprenda mi propuesta?”

También debe preguntar:

“¿Cómo puede el grupo mostrarme los límites de mi propuesta y transformar aquello que pretendía hacer?”

El liderazgo permanece humano mientras pueda ser transformado por las personas que vivirán sus consecuencias.

Han existido otros arreglos políticos

La arqueología del México Central precolonial muestra que las sociedades complejas combinaron de diferentes maneras la autoridad personal, los consejos, los grupos corporativos, la acción colectiva, la tributación y los bienes públicos.

Esto no nos ofrece un modelo indígena perfecto para copiar. Las sociedades precolombinas también conocieron jerarquías, guerras, coerción y desigualdades.

Pero la arqueología nos ayuda a rechazar una idea peligrosa:

La concentración permanente del poder en una sola personalidad no es una necesidad universal de la organización humana.

Han existido diferentes arreglos institucionales.

Esto amplía nuestra imaginación política. La elección no se limita a un liderazgo individual fuerte o al caos social.

Las instituciones pueden distribuir autoridad, preservar memoria colectiva, limitar mandatos, formar consejos, proteger la discordancia y sobrevivir a la salida de quienes alguna vez ocuparon el centro.

Proteger el Weichö sin sacrificar el Jiwasa

Podemos ahora construir juntos la tesis central:

Proteger la neurodiversidad exige rechazar la falsa asociación entre diferencia cognitiva y falta de empatía. Proteger el Jiwasa exige reconocer que la crueldad instrumental puede ser enseñada, recompensada y organizada por empresas, ideologías, religiones, movimientos políticos y Estados. La inclusión no puede convertirse en impunidad, y la responsabilidad no puede convertirse en persecución de la diferencia.

La solución no consiste en identificar de antemano quién es “bueno” o “malo”.

Consiste en construir instituciones en las que:

cada persona reciba el apoyo que necesita;
toda persona afectada por un daño pueda hablar;
cada liderazgo pueda ser corregido;
toda concentración de poder sea fiscalizada;
ningún diagnóstico elimine la responsabilidad;
ninguna fortuna compre silencio;
ninguna ideología convierta a las víctimas en costos aceptables.

Tal vez la distinción llegue demasiado tarde cuando esperamos que un liderazgo autoritario revele toda la extensión del daño.

La educación debe comenzar antes.

Debe enseñar que la empatía no es debilidad, que la discordancia no es traición, que el liderazgo es temporal y que ninguna misión —financiera, política, militar o religiosa— se vuelve moral solamente porque llama a sus víctimas “sacrificios necesarios”.

¿Cómo podemos proteger a cada Weichö en su diferencia e impedir, al mismo tiempo, que alguien utilice el lenguaje de la diferencia, la riqueza o la misión para dominar, deshumanizar y destruir el Jiwasa?

Referencias comentadas

Milton, D.; Gurbuz, E.; Lopez, B. (2022). The Double Empathy Problem: Ten Years On.
El artículo cuestiona la idea de que las dificultades empáticas residan exclusivamente en las personas autistas y destaca el carácter recíproco de la incomprensión.

Fletcher-Watson, S. et al. (2024). Do You Feel Me? Autism, Empathic Accuracy and the Double Empathy Problem.
El estudio muestra que las personas no autistas pueden interpretar con menor precisión los relatos emocionales producidos por personas autistas.

Duradoni, M. et al. (2023). Cognitive Empathy and the Dark Triad: A Literature Review.
La revisión analiza cómo la comprensión de las emociones ajenas puede coexistir con la manipulación cuando no está acompañada por preocupación afectiva y responsabilidad moral.

Luan, Y. et al. (2022). Exploring the Antecedents of Unethical Pro-Organizational Behavior: A Meta-Analysis.
El estudio indica que el desenganche moral y la identificación acrítica con organizaciones o líderes pueden estimular conductas antiéticas realizadas en nombre del grupo.

Landry, A.; Druckman, J.; Willer, R. (2024). Need for Chaos and Dehumanization Are Robustly Associated with Support for Partisan Violence.
La investigación relaciona la deshumanización de adversarios políticos con un mayor apoyo a la violencia partidista.

Guimarães, D. S. (2022). Indigenous Psychology as a General Science for Escaping the Snares of Psychological Methodolatry.
El psicólogo brasileño propone una ciencia cuyos métodos y categorías puedan ser transformados mediante encuentros éticos con otros mundos culturales.

Carballo, D. M. (2022). Governance Strategies in Precolonial Central Mexico.
El estudio arqueológico presenta diferentes combinaciones de autoridad centralizada, gobernanza compartida, acción colectiva e instituciones políticas en la Mesoamérica precolonial.

Ley Brasileña de Inclusión y Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Estos marcos establecen igualdad, adaptaciones razonables, autonomía, participación y salvaguardias proporcionales contra el abuso y la influencia indebida.







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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States