Jackson Cionek
32 Views

Narrativas que abrazan: por qué la mente acepta explicaciones falsas para sufrir menos

Narrativas que abrazan: por qué la mente acepta explicaciones falsas para sufrir menos

Nos gusta imaginar que creemos en las cosas porque son verdaderas. Pero, muchas veces, la mente acepta primero aquello que consigue organizar el cuerpo, reducir la angustia y devolver alguna sensación de suelo. Desde muy temprano, el ser humano no lidia solo con hechos; también lidia con imprevisibilidad, dependencia y necesidad de amparo. Por eso, muchas narrativas falsas sobreviven no porque expliquen mejor el mundo, sino porque funcionan como refugio provisional frente al caos.

En la infancia esto se vuelve muy claro. El niño no nace con un sentido crítico listo ni con un detector refinado de confiabilidad. Aprende por convivencia, testimonio, repetición, corrección y pertenencia. El aprendizaje testimonial es parte central del desarrollo, y el paso de una credulidad más inicial hacia una confianza más selectiva depende de la capacidad de evaluar la calidad de la información, la confiabilidad de quien habla y la estructura de la situación. Además, trabajos recientes con bebés indican que ya muestran sensibilidad a la informatividad de la evidencia y a los errores de predicción. Es decir: el cuerpo infantil no solo recibe narrativas; ya intenta anticipar regularidades y distinguir, aunque de forma todavía inicial, qué parece más o menos informativo.

Por eso la narrativa, la cultura y la pertenencia entran tan temprano en la formación de la conciencia. Una narrativa no sirve solo para describir lo real; también puede volver lo real habitable. Cuando el mundo interno y externo parecen caóticos, una explicación simple, compartida y emocionalmente acogedora puede funcionar como regulador afectivo y social. En esta clave, el problema de la narrativa falsa no es solo epistemológico. También es corporal. Una mala explicación puede seguir viva porque ayuda a contener miedo, desorientación y desamparo.

Aquí entra el concepto que proponemos: falsedad funcional. No se trata de una categoría clínica formal, sino de una formulación útil para nombrar algo muy común. Llamamos falsedad funcional a la situación en la que una creencia no explica bien el mundo, pero cumple una función reguladora importante: disminuye la angustia, refuerza vínculos, ofrece un marco para el caos y preserva un sentido mínimo de identidad. En esos casos, la creencia puede ser débil como explicación y fuerte como protección. No se sostiene porque sea buena ciencia, buena lógica o buena observación. Se sostiene porque abraza. Y, para quien está intentando simplemente no derrumbarse, ser abrazado a veces pesa más que estar en lo cierto.

Por eso, muchas veces, preferimos una mentira que estabiliza a una verdad que nos devuelve al abismo de la incertidumbre. Esta preferencia no siempre es consciente. En muchos casos, ya aparece como economía del cuerpo y de la atención: aceptar la narrativa del grupo, de la familia, de la tradición, de la religión o de la ideología puede costar menos que reabrir el vacío. La creencia falsa empieza entonces a funcionar como una especie de órtesis afectiva y social. Sostiene la postura, organiza el lenguaje, amortigua el miedo y posterga el colapso subjetivo. El problema es que ese abrazo puede cobrar un precio alto: la suspensión de la duda saludable, la reducción de la plasticidad y la dificultad creciente para revisar creencias cuando los hechos cambian.

Frente a hechos y materialidades, no producimos solo percepción; también producimos comentarios, sospechas, acusaciones y dudas. Eso forma parte de la conciencia humana. El problema comienza cuando la duda deja de refinar lo real y empieza a circular sin anclaje material. En ese momento, puede corroer reputaciones en la vida cotidiana y, a mayor escala, ser utilizada para bloquear decisiones públicas, proteger mercados y sostener grandes flujos de lucro incluso frente a buenos argumentos científicos. David Michaels describe este mecanismo como una política de fabricación estratégica de la duda: no hace falta derrotar los hechos; muchas veces basta con sembrar suficiente incertidumbre para retrasar regulaciones, dispersar responsabilidades y mantener intactos intereses económicos.

Tal vez por eso necesitamos una regla estocástica simple para proteger el sentido crítico sin caer en autosabotaje: no especular sobre la especulación. Para cada materialidad pueden existir muchas narrativas posibles, pero ninguna narrativa debería tomar otra narrativa como base suficiente sin volver al suelo de los datos, de los efectos observables y de los grados explícitos de incertidumbre. Cuando ese retorno a lo real falla, la duda deja de ser método y se convierte en refugio, arma o rumiación. Entonces la mente puede confundir prudencia con miedo, criticidad con parálisis, e incertidumbre honesta con aprisionamiento. Sostener una duda saludable no es girar infinitamente sobre hipótesis; es mantener cada interpretación ligada al mundo real, sin permitir que el cuerpo sea secuestrado por narrativas que ya no investigan nada y solo protegen angustias o intereses.

En nuestro lenguaje, este es un terreno fértil para aquello que llamamos Zona 3 simulando Zona 2. La persona parece en paz, pero esa paz no proviene de apertura crítica ni de fruición real. Proviene de una estabilización rígida. La narrativa acoge, pero también estrecha. Protege de la incertidumbre, pero a cambio exige la suspensión de la revisión, de la curiosidad, del pensamiento estocástico y, muchas veces, de la propia experiencia corporal más abierta. El sujeto parece estable, pero en realidad solo está bien contenido dentro de la narrativa que lo protege.

En la infancia, esto puede aparecer como apego a historias que organizan el miedo. En la adolescencia y en la vida adulta, puede aparecer como adhesión a explicaciones simplistas, gurús, dogmas, sectas, teorías conspirativas o identidades hiper cerradas. El mecanismo de base, sin embargo, puede ser parecido: frente al exceso de incertidumbre, la mente adopta un marco que la contenga. El problema no es buscar un marco. El problema es cuando ese marco se vuelve tan rígido que impide revisión, crítica y contacto vivo con lo real. El desafío, entonces, no es destruir todas las narrativas, sino madurar lo suficiente como para distinguir entre narrativas que nos ayudan a pensar mejor y narrativas que solo nos sedan.

Comentario BrainLatam2026: DREX Cidadão, pertenencia y Neurociencia Decolonial

Este tema toca directamente al DREX Cidadão. Una sociedad que produce inseguridad material crónica, humillación y desprotección fabrica terreno fértil para falsedades funcionalmente consoladoras. Cuando faltan base metabólica, vínculo social y horizonte concreto de pertenencia, la promesa simplificadora gana fuerza. En esta lectura, la pertenencia no es un lujo psicológico; es parte de la infraestructura de la criticidad. Un cuerpo social menos acorralado necesita menos narrativas rígidas para mantenerse de pie.

La Neurociencia Decolonial que proponemos intenta justamente desplazar la pregunta: en vez de limitarse a juzgar a quien adhiere a una creencia frágil, preguntamos qué tipo de mundo estamos produciendo para que tanta gente necesite falsedades funcionales para no derrumbarse. Ese desplazamiento es político, económico y neuroafectivo al mismo tiempo.

Cierre

Las narrativas abrazan. Algunas abrazan y liberan. Otras abrazan y aprisionan. La diferencia quizá esté aquí: una buena narrativa nos ayuda a atravesar la incertidumbre sin amputar el sentido crítico; una mala narrativa nos consuela a costa de nuestra libertad interior.

Tal vez madurar no signifique abandonar todas las historias, sino aprender a distinguirlas. ¿Qué historias nos ayudan a respirar mejor y pensar mejor? ¿Y cuáles solo nos sedan para que soportemos, sin notarlo, la pérdida de nuestra propia criticidad?

Al final, el desafío no es vivir sin narrativas.
Es no transformar en verdad sagrada aquello que entró en nuestra vida solo como analgésico del caos.

Referencias finales

  • Bornstein MH, Esposito G. Coregulation: A Multilevel Approach via Biology and Behavior. Children. 2023.

  • Begus K, Bonawitz E, et al. Infants Evaluate Informativeness of Evidence and Predict Causal Events as Revealed in Theta Oscillations and Predictive Looking. Communications Psychology. 2024.

  • Freeston MH, Komes J. Revisiting Uncertainty as a Felt Sense of Unsafety: The Somatic Error Theory of Intolerance of Uncertainty. Journal of Behavior Therapy and Experimental Psychiatry. 2023.

  • Abendroth J, Nauroth P, Gollwitzer M. Non-strategic Detection of Identity-threatening Information. PLOS ONE. 2022.

  • Hogg MA. Uncertainty, Group Identification and Intergroup Behavior. Psychology Hub. 2024.

  • Zhou Y, Shen L. Processing of Misinformation as Motivational and Cognitive Biases in Information Processing. Frontiers in Psychology. 2024.

  • Gertrudix M, Carbonell-Alcocer A, Arcos R. Disinformation as an Obstructionist Strategy in Climate Change Mitigation. Open Research Europe. 2024.

  • Gupta R, et al. The Opioid Industry’s Use of Scientific Evidence to Advance Claims About Prescription Opioid Safety and Effectiveness. Health Affairs Scholar. 2024.

  • Michaels D. The Triumph of Doubt: Dark Money and the Science of Deception. Oxford University Press. 2020.



#eegmicrostates #neurogliainteractions #eegmicrostates #eegnirsapplications #physiologyandbehavior #neurophilosophy #translationalneuroscience #bienestarwellnessbemestar #neuropolitics #sentienceconsciousness #metacognitionmindsetpremeditation #culturalneuroscience #agingmaturityinnocence #affectivecomputing #languageprocessing #humanking #fruición #wellbeing #neurophilosophy #neurorights #neuropolitics #neuroeconomics #neuromarketing #translationalneuroscience #religare #physiologyandbehavior #skill-implicit-learning #semiotics #encodingofwords #metacognitionmindsetpremeditation #affectivecomputing #meaning #semioticsofaction #mineraçãodedados #soberanianational #mercenáriosdamonetização
Author image

Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States