Métricas responsables y Jiwasa Real - ¿la ciencia mide impacto o pertenencia a una burbuja?
Métricas responsables y Jiwasa Real - ¿la ciencia mide impacto o pertenencia a una burbuja?
La ciencia también puede quedar atrapada en óptimos locales. Un óptimo local aparece cuando un sistema parece avanzar, pero apenas gira alrededor del mismo lenguaje, los mismos indicadores, los mismos currículos, los mismos grupos de citación y los mismos criterios de prestigio. Una burbuja religiosa llama a eso doctrina. Una burbuja digital lo llama engagement. Una ideología lo llama coherencia. La ciencia puede llamarlo impacto, factor de impacto, h-index, Qualis, productividad o excelencia. El efecto visible es producción científica; la causa escondida puede ser pertenencia a una burbuja sin devolución al cuerpo-territorio.
Aquí es donde el Capta de Mariane se vuelve fundamental. El texto de BrainLatam2026 retoma a Mariane Lima de Souza y William B. Gomes para recordar que la investigación no vive solo de datos, sino de interpretación, contexto, lenguaje y juicio; en esta lectura, data es aquello que se da como evidencia, mientras que capta es aquello que se toma como evidencia. La pregunta decisiva pasa a ser: ¿qué estamos dando como evidencia y qué estamos tomando como evidencia? Una cita puede ser data; pero, cuando la comunidad decide que representa relevancia, se convierte en capta. Un factor de impacto puede ser data; pero, cuando define carrera, financiamiento y autoridad, se convierte en capta institucional.
Esta distinción cambia toda la crítica a las métricas. La ciencia no mide solamente datos; elige qué va a tomar como evidencia de valor. Y, si esa elección ocurre dentro de una burbuja, la ciencia puede medir pertenencia de grupo como si fuera impacto real. Un grupo se cita a sí mismo, frecuenta los mismos congresos, ocupa los mismos comités, orienta a los mismos estudiantes y define qué cuenta como excelencia. El sistema parece productivo porque genera publicaciones, redes, bancas, convocatorias e indicadores. Pero la causa que debería orientar la ciencia — mejorar la relación entre cuerpo, territorio, tecnología, bioma, salud, educación y futuro — puede desaparecer detrás del currículo.
Todo concepto es una reducción de la realidad. Un concepto organiza el mundo, pero también corta el mundo. Un modelo permite ver, pero también impide ver. Cuando un área del saber sigue girando dentro del mismo jergón, puede confundir precisión interna con verdad ampliada. La física clásica no era inútil; tenía límites. La física cuántica no surgió porque la anterior no servía para nada, sino porque ciertos fenómenos ya no cabían dentro del óptimo local conceptual previo. Lo mismo vale para la neurociencia, la psicología, la economía, la educación, la climatología, el derecho y la salud pública: cuando lo real escapa, no basta publicar más dentro del mismo marco; es necesario abrir otro vocabulario.
Los términos de los pueblos originarios del continente americano no deben entrar como adorno cultural, sino como tecnologías de salida conceptual. Tekoha, APUS, Nerope, Weichö, Yãy hã mĩy, cuerpo-territorio y Jiwasa no son palabras decorativas para colorear artículos. Son operadores que obligan a la ciencia a preguntar qué dejó de captar su jergón. La métrica pregunta cuántas citas. El cuerpo-territorio pregunta quién recibió algo de vuelta. El currículo pregunta dónde se publicó. El Tekoha pregunta dónde mejoró la vida. El indicador pregunta quién reconoció. El Jiwasa Real pregunta si el conocimiento aumentó pertenencia verdadera o apenas reforzó una tribu académica.
Pero existe una causa todavía más profunda detrás de los límites de la investigación: la modulación financiera del saber. Cada ciencia construye su jergón dentro de sus propios óptimos locales, pero esos óptimos locales no existen en el vacío. Están atravesados por presupuestos públicos, fundaciones, becas, grants, agencias de fomento, rankings, prioridades ministeriales, alianzas privadas y criterios de impacto definidos antes de que el cuerpo-territorio sea escuchado. Así, un área deja de hablar con otra no solo por diferencias conceptuales, sino porque cada una aprende a sobrevivir dentro de su propio embudo de financiamiento.
Cuando el 0,01% captura el Estado, no controla solamente crédito, impuestos, tasas de interés, deuda pública e infraestructura. También controla indirectamente el campo de las preguntas posibles. Al hablar de “responsabilidad fiscal”, ese poder convierte la escasez en virtud moral y empuja a universidades, laboratorios e investigadores a una competencia permanente por recursos. La ciencia empieza preguntando “¿qué convocatoria financia esto?” antes de preguntar “¿qué dolor del cuerpo-territorio exige respuesta?”. El efecto visible es planificación científica; la causa escondida es la subordinación de la curiosidad pública a la arquitectura financiera de un Estado capturado.
Esta lógica aparece con fuerza en América Latina. El International Science Council observó en 2026 que la volatilidad económica y política de la región debilita el financiamiento estable necesario para ciencia, tecnología e innovación. La UNESCO ya había señalado que, durante el boom de las commodities, las inversiones en América Latina se orientaron sobre todo a la expansión económica, y no al fortalecimiento de infraestructura científica, innovación y toma de riesgo. La causa aquí no es solo “falta de dinero”. Es la prioridad: cuando el Estado organiza presupuesto, deuda e inversión para sostener flujos económicos dominantes, la ciencia pasa a disputar sobras en lugar de responder a las necesidades vivas del territorio.
La búsqueda de grants internacionales profundiza ese embudo. Un estudio de 2026 sobre barreras percibidas en el acceso a financiamiento internacional afirma que investigadores latinoamericanos frecuentemente enfrentan menor éxito en competencias internacionales, con obstáculos como procedimientos complejos, poco apoyo institucional y diferencias entre prioridades de los donantes y desafíos locales. Esto crea un capta financiero: la pregunta científica vale más cuando cabe en el lenguaje del financiador. El cuerpo-territorio puede pedir saneamiento, escuela, bioma, lengua, salud mental, agricultura local o tecnología comunitaria; pero la convocatoria puede pedir innovación escalable, competitividad global o alineamiento con prioridades externas.
Esta modulación produce un óptimo local transversal a todas las áreas: la búsqueda de dinero por encima de la búsqueda de devolución. La neurociencia busca el grant. La educación busca la convocatoria. La salud busca el programa temático. La climatología busca el fondo. La ingeniería busca la alianza. Las humanidades intentan sobrevivir dentro del presupuesto. Cada campo mantiene su jergón, su métrica y su currículo, pero todos son modulados por una pregunta anterior: ¿quién paga para que esta pregunta exista? Cuando esa pregunta queda por encima de las necesidades del bioma y del cuerpo-territorio, la ciencia puede volverse técnicamente avanzada y causalmente desviada.
Las reformas internacionales de la evaluación científica intentan enfrentar parte de este problema. En 2025, DORA lanzó una guía práctica para que organizaciones de investigación implementen evaluación responsable, defendiendo prácticas más holísticas, diversidad de resultados y cambio cultural en la evaluación de la investigación. Una revisión sistemática de 2026 sobre métricas responsables en América Latina muestra que la producción regional sobre el tema sigue siendo menor e irregular, pero fuertemente alineada con ciencia abierta y acceso abierto; el estudio defiende fortalecer investigaciones aplicadas sobre evaluación responsable en la región. Estos movimientos importan, pero también pueden convertirse en otro óptimo local si solo sustituyen una burocracia métrica por una burocracia narrativa.
Alberto Baccini advierte que CoARA no salvará a la ciencia de la “tiranía de la evaluación administrativa” si la calidad y el impacto continúan siendo definidos por gobiernos, instituciones evaluadoras y grupos restringidos de expertos sin deliberación pública amplia. Esta crítica aproxima el debate al Jiwasa Real: no basta reemplazar métricas cuantitativas por narrativas de impacto si la comunidad afectada sigue sin voz. El capta cambia de ropa, pero continúa siendo tomado dentro del mismo círculo de poder. La evaluación responsable debe preguntar no solo “¿cuál fue el impacto?”, sino “¿quién tuvo el derecho de decir que esto fue impacto?”.
La inclusión de lenguas indígenas muestra otro límite de los óptimos locales científicos. Un levantamiento de 2024 sobre procesamiento de lenguaje natural para lenguas indígenas latinoamericanas destaca la marginación de estas comunidades frente a los avances tecnológicos y la necesidad de innovación que respete perspectivas comunitarias. Otro trabajo de 2024 sobre IA para revitalización de lenguas indígenas discute experiencias con comunidades en Brasil y propone ciclos alternativos de desarrollo basados en participación comunitaria. Cuando una lengua queda fuera de la técnica, un mundo entero queda fuera de la métrica. Cuando un término originario no entra en el concepto, la realidad que abre puede permanecer invisible para el laboratorio.
La ciencia responsable necesita, por lo tanto, una métrica de devolución. No solo “¿cuántas citas?”, sino “¿qué territorio comprendió?”. No solo “¿qué revista?”, sino “¿qué comunidad ganó una herramienta?”. No solo “¿qué factor de impacto?”, sino “¿qué política pública mejoró?”. No solo “¿qué dataset?”, sino “¿quién pudo usarlo?”. No solo “¿qué innovación?”, sino “¿qué cuerpo dejó de sufrir?”. No solo “¿qué teoría?”, sino “¿qué óptimo local fue superado?”. Sin estas preguntas, la ciencia puede convertirse en una secta elegante: sofisticada, revisada por pares, estadísticamente robusta, pero metabólicamente cerrada.
Esto no significa abandonar métricas. Las métricas son útiles cuando saben que son reducciones. El problema empieza cuando la reducción se convierte en realidad oficial. Toda métrica necesita humildad ontológica: mide algo, no todo. El h-index mide circulación citacional, no sabiduría. El factor de impacto mide comportamiento editorial, no transformación territorial. La publicación mide producción, no necesariamente devolución. Una ciencia con Jiwasa Real usaría las métricas como instrumentos, pero jamás como soberanas. Lo soberano debe ser el cuerpo-territorio ampliado: gente, bioma, lengua, memoria, cuidado, tecnología y futuro.
La pregunta final es simple: ¿la ciencia mide impacto o pertenencia a una burbuja? Si la métrica aumenta el currículo, pero no aumenta la devolución, es óptimo local. Si el jergón protege al grupo, pero no abre realidad, es burbuja. Si el grant financia la pregunta antes de que el territorio hable, la ciencia ya nació modulada. El Capta de Mariane muestra que la evidencia nunca es solo dato; es dato tomado en contexto. Los términos de los pueblos originarios ayudan a romper la prisión porque obligan a la ciencia a pensar con territorio, ancestralidad, cuerpo, flujo vital, imitación transformadora y pertenencia real. El Nuevo Mundo científico no nacerá solo de más papers; nacerá cuando la ciencia mida menos su propia vanidad y más la vida que consigue devolver.
Referencias seleccionadas posteriores a 2021
BrainLatam2026 — “Evidencia e Interpretación” — 2026
Retoma el concepto de data y capta a partir de Mariane Lima de Souza y William B. Gomes, y aplica esta distinción al cuerpo-territorio, a la Inteligencia DNA, a la IA y a la lectura de evidencias en investigación.
Daniela Oyarzún-Cristi, Álvaro Cabezas-Clavijo y Alicia Moreno-Delgado — “How is Latin America engaging with responsible metrics?” — 2026
Sostiene el análisis regional sobre métricas responsables en América Latina, mostrando menor e irregular producción regional, además de la necesidad de investigación aplicada en evaluación responsable.
DORA — “A Practical Guide to Implementing Responsible Research Assessment at Research Performing Organizations” — 2025
Sostiene la crítica al uso estrecho de indicadores y la defensa de prácticas más holísticas, inclusivas y culturalmente transformadoras en la evaluación de la investigación.
Alberto Baccini — “CoARA will not save science from the tyranny of administrative evaluation” — 2024
Sostiene la crítica de que las reformas de evaluación pueden continuar atrapadas en la administración si la calidad y el impacto son definidos por instituciones y expertos sin deliberación pública amplia.
International Science Council — “Funding the future of science in Latin America” — 2026
Sostiene la capa sobre inestabilidad económica y política en América Latina como factor que debilita el financiamiento estable para ciencia, tecnología e innovación.
UNESCO Science Report — capítulo América Latina — 2021
Sostiene la crítica de que las inversiones durante el boom de commodities fueron históricamente orientadas a la expansión económica, más que al fortalecimiento de infraestructura científica, innovación y toma de riesgo.
J. Formoso et al. — “Perceived barriers for accessing international research funding” — 2026
Sostiene la crítica al embudo internacional de financiamiento, incluyendo procedimientos complejos, limitado apoyo institucional y desalineación entre prioridades de donantes y desafíos locales.
Atnafu Lambebo Tonja et al. — “NLP Progress in Indigenous Latin American Languages” — 2024
Sostiene la crítica a la marginación de lenguas indígenas latinoamericanas en el progreso tecnológico y defiende innovación que respete perspectivas comunitarias.
Claudio Pinhanez et al. — “Harnessing the Power of Artificial Intelligence to Vitalize Endangered Indigenous Languages” — 2024
Sostiene la importancia de ciclos alternativos de desarrollo en IA con participación comunitaria, especialmente para documentación y revitalización de lenguas indígenas en Brasil.
SPARC Open — “Lessons from Redalyc’s Organic Rise as a Model of Diamond Open Access” — 2024
Sostiene la importancia del modelo latinoamericano de acceso abierto diamante, sin cobro para leer ni publicar, como infraestructura pública y más equitativa de comunicación científica.