Jackson Cionek
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Jiwasa Herido: cuando el cuerpo no consigue confiar en el colectivo

Jiwasa Herido: cuando el cuerpo no consigue confiar en el colectivo

¿Y si el problema central no fuera la falta de recursos, sino la incapacidad del cuerpo de confiar en el “nosotros”?

El concepto de Jiwasa describe la emergencia de un colectivo vivo, donde el individuo participa sin perder criticidad y donde el liderazgo se vuelve dinámico, distribuido y sensible al contexto. Sin embargo, esta capacidad no está garantizada. Puede fallar. Puede no formarse. Puede ser interrumpida. Cuando esto ocurre, aparece lo que llamamos Jiwasa Herido.

El Jiwasa Herido no es una idea abstracta. Es un estado corporal, neurobiológico y social en el cual el individuo no consigue sentir el colectivo como abrigo. El “nosotros” deja de ser seguridad y pasa a ser riesgo. El otro deja de ser parte de una continuidad y se convierte en una posible amenaza.

Esta ruptura muchas veces comienza temprano.

Cuando una niña o un niño crece en ambientes de abandono, violencia, inestabilidad, falta de previsibilidad o autoridad agresiva, el sistema nervioso aprende que el colectivo no es confiable. La interocepción —la percepción interna del cuerpo— queda marcada por tensión constante. La propiocepción —la orientación del cuerpo en el espacio— se ajusta hacia la vigilancia. La atención se organiza para detectar peligro. El cuerpo aprende a sobrevivir.

Ese aprendizaje puede ser eficiente para la supervivencia, pero limita profundamente la capacidad de pertenecer.

La teoría del apego ya mostró que los vínculos inseguros en la infancia se asocian con dificultades futuras de regulación emocional, confianza y relación con los otros. La neurociencia social contemporánea también indica que estas experiencias se reflejan en patrones cerebrales y fisiológicos relacionados con amenaza, estrés e hiperactivación defensiva.

En este contexto, el cerebro no “elige” desconfiar. Aprende a desconfiar.

Y ese aprendizaje moldea la forma en que el cuerpo entra en relación con el mundo.

Cuando el Jiwasa está herido, el cuerpo no consigue relajarse en grupo. Mantiene microtensiones, respiración corta, atención estrecha y lectura constante de riesgo. Pequeñas divergencias pueden sentirse como amenazas. La crítica se vuelve ataque. El silencio se vuelve abandono. La diferencia se vuelve peligro.

El colectivo deja de ser un campo de inteligencia y se convierte en un campo de defensa.

Este estado corresponde a la Zona 3: una condición en la que el cuerpo está dominado por respuestas defensivas, con baja capacidad de fruición, metacognición y creación.

La Zona 3 no es solo individual. También puede volverse colectiva.

Cuando muchas personas con Jiwasa Herido se organizan juntas, aparecen patrones previsibles: búsqueda de liderazgos rígidos, necesidad de control, intolerancia a la diferencia, polarización, creación de enemigos y repetición de discursos simplificados.

En ese caso, existe un “nosotros”, pero es un “nosotros” basado en amenaza, no en pertenencia. Es una masa defensiva, no un Jiwasa.

Este fenómeno también es amplificado por las condiciones sociales. Violencia urbana, desigualdad extrema, inseguridad económica, racismo estructural, destrucción territorial y ausencia de políticas públicas de cuidado crean ambientes donde el cuerpo no encuentra estabilidad suficiente para desarrollar confianza. El territorio deja de sostener el cuerpo. El APUS se fragiliza. Y el Jiwasa se vuelve difícil de emerger.

Las referencias latinoamericanas ayudan a comprender esta dimensión. Rogério Haesbaert muestra que el territorio es fundamental para producir pertenencia y existencia. Arturo Escobar propone el territorio como ontología, como modo de vivir, y no apenas como espacio físico. Ailton Krenak refuerza que la ruptura con el territorio es también ruptura con la continuidad de la vida.

Cuando el territorio es fragmentado, cuando el APUS es descuartizado, el cuerpo pierde referencias externas de estabilidad. Esto intensifica la sensación interna de inseguridad. El resultado es un sistema nervioso más inclinado hacia la defensa.

La neurociencia contemporánea ofrece herramientas para observar estos estados. Estudios con EEG, fNIRS y hyperscanning muestran que, en contextos de amenaza o baja confianza, puede disminuir la sincronización entre cerebros y aumentar patrones asociados al estrés y la vigilancia. En cambio, los contextos de cooperación y vínculo tienden a favorecer acoplamiento neural, regulación fisiológica y coordinación entre participantes.

Esto sugiere que el Jiwasa no es solo una construcción cultural. También tiene base fisiológica.

Cuando el cuerpo no consigue confiar, no consigue sincronizar.
Cuando no sincroniza, no coopera plenamente.
Cuando no coopera, el colectivo no emerge como inteligencia.

El Jiwasa Herido rompe el flujo de la vida colectiva.

Este proceso también ayuda a entender la atracción por soluciones simplificadas. Un cuerpo en Zona 3 busca previsibilidad, orden, respuestas rápidas y protección. Esto puede llevar a la adhesión a ideologías rígidas, discursos polarizados o liderazgos autoritarios. No necesariamente por convicción profunda, sino por necesidad de regulación.

La ideología se vuelve anestesia.
La autoridad se vuelve abrigo.
La simplicidad se vuelve alivio.

Pero ese alivio tiene un costo: reduce la criticidad y la capacidad de componer con otros.

Por eso, el desafío no es solamente cognitivo o político. Es corporal.

Restaurar el Jiwasa exige restaurar condiciones para que el cuerpo pueda volver a confiar. Esto implica ambientes seguros, relaciones previsibles, educación basada en vínculo, territorios que sostengan la vida, políticas públicas que reduzcan la inseguridad extrema y experiencias reales de cooperación.

La Zona 2 es fundamental en este proceso. Cuando el cuerpo consigue salir de la defensa, la respiración se profundiza, la atención se amplía, la percepción de matices retorna y el otro deja de ser automáticamente amenaza. A partir de ahí, el colectivo puede volver a emerger como campo de inteligencia.

Los experimentos con multimodalidad —EEG, fNIRS, HRV, respiración, GSR, EMG y movimiento— pueden ser fundamentales para investigar esta transición. Podemos observar cómo el cuerpo sale de estados defensivos y entra en estados cooperativos, cómo la confianza altera patrones fisiológicos y cómo el colectivo influye en la regulación individual.

Esta mirada permite salir de la idea de que la confianza es apenas un valor moral. La confianza puede ser observada como fenómeno corporal, medible y entrenable.

En el plano político, esto implica reconocer que la pertenencia no puede construirse solamente por discurso. Depende de condiciones materiales y corporales. No basta hablar de “comunidad” si el territorio no sostiene la vida. No basta hablar de “unidad” si el cuerpo está en defensa constante.

En este sentido, propuestas como el DREX Ciudadano aparecen como intentos de reconstruir un metabolismo mínimo del colectivo. Al garantizar condiciones básicas de existencia, se puede reducir la presión constante de supervivencia que mantiene el cuerpo en Zona 3. Esto no resuelve todo, pero abre espacio para que el Jiwasa pueda emerger.

Al final, el Jiwasa Herido revela algo esencial:

el problema no es solo la falta de colectivo.
Es la imposibilidad del cuerpo de confiar en él.

Y mientras el cuerpo no pueda confiar, el colectivo no será vivido como “nosotros”, sino como amenaza.

Restaurar el Jiwasa no es solamente una tarea social. Es una tarea neurobiológica, territorial y política.

Porque, antes de existir en el discurso, el “nosotros” necesita volver a existir en el cuerpo.


Referencias

DAMASIO, Antonio. Feeling & Knowing: Making Minds Conscious. New York: Pantheon Books, 2021.
Base para comprender la conciencia como proceso corporal y relacional.

PORGES, Stephen W. Polyvagal Theory: A Science of Safety. 2022.
Fundamental para entender cómo el sistema nervioso regula estados de seguridad, amenaza y conexión social.

HAESBAERT, Rogério. “Do corpo-território ao território-corpo (da Terra): contribuições decoloniais.” GEOgraphia, 2020.
Muestra la relación entre territorio, cuerpo y pertenencia.

ESCOBAR, Arturo. Pluriversal Politics: The Real and the Possible. Duke University Press, 2021.
Define el territorio como ontología y modo de existencia.

KRENAK, Ailton. Futuro Ancestral. São Paulo: Companhia das Letras, 2022.
Reflexión sobre pertenencia, territorio y continuidad de la vida.

DE FELICE, Silvia et al. “Relational Neuroscience: Insights from Hyperscanning Research.” Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 2025.
Relaciona interacción social, vínculo y acoplamiento entre cerebros.

DUMAS, Guillaume et al. “Inter-brain Synchrony in Social Interaction.” Trends in Cognitive Sciences, 2022.
Ayuda a comprender la relación entre sincronización neural e interacción social.

GRASSO-CLADERA, Aitana et al. “Embodied Hyperscanning for Studying Social Interaction.” Social Neuroscience, 2024.
Integra medidas cerebrales y corporales para estudiar interacción social.







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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States