ESTADOS CON OBESIDAD MÓRBIDA LOCALIZADA
ESTADOS CON OBESIDAD MÓRBIDA LOCALIZADA
Hipertrofia institucional oligárquica y atrofia democrática
Hay una puerta que se abre rápidamente.
Detrás de ella, los contratos son analizados, los patrimonios son protegidos, las deudas son cobradas y las grandes operaciones encuentran especialistas, crédito y caminos jurídicos.
Hay otra puerta.
Frente a ella, alguien espera una consulta médica, agua potable, la reconstrucción después de una inundación o una respuesta que se pierde entre distintas instituciones públicas.
Las dos puertas pertenecen al mismo Estado.
Por eso, tal vez la pregunta no sea si el Estado está presente o ausente.
Tal vez sea:
¿Para quién aprendió el Estado a llegar primero?
Cuando observamos solamente el presupuesto, la cantidad de instituciones o el número de funcionarios, podemos concluir que un Estado es grande o pequeño.
Pero los sistemas vivos no se comprenden únicamente por su tamaño.
Necesitamos observar dónde se acumula la energía, qué señales reciben respuesta y qué partes deben trabajar más allá de sus límites para mantener el conjunto en funcionamiento.
De esta imagen surge la provocación: algunos Estados latinoamericanos parecen presentar una especie de obesidad mórbida localizada.
La expresión no describe a las personas ni utiliza una condición médica como juicio moral. Sirve únicamente para revelar una distribución desproporcionada de la fuerza.
Después de la provocación, podemos nombrar el fenómeno con mayor precisión:
Hipertrofia institucional oligárquica.
Un Estado puede desarrollar una enorme capacidad para proteger propiedades, cobrar deudas, garantizar contratos, estimular actividades extractivas y preservar determinados mercados.
Al mismo tiempo, puede permanecer frágil para prevenir enfermedades, cuidar a los niños, proteger los ríos, reducir las desigualdades o responder a las emergencias vividas por los territorios.
El Estado continúa siendo fuerte.
Su fuerza simplemente se ha concentrado en determinadas regiones del cuerpo político.
La unidad que el Estado todavía no reconoce
La unidad mínima del Estado no es solamente el individuo abstracto descrito en documentos, registros y leyes.
Es un Cuerpo-Territorio.
Cada persona llega ante el Estado acompañada por una casa, una comunidad, una historia, una lengua, una fuente de agua, una red de cuidados y un conjunto de condiciones materiales.
Cuando el Estado atiende o abandona a una persona, sus efectos atraviesan todas esas relaciones.
El trabajador no llega solo.
Con él llegan quienes dependen de sus ingresos.
El niño no llega solo.
Con él llegan su alimentación, su escuela, su barrio y las personas que sostienen su desarrollo.
Una comunidad afectada por una inundación no llega solamente con una solicitud de reconstrucción.
Llega con memorias, vínculos, caminos y formas de vida que no caben completamente en un proceso administrativo.
Cuando el Estado no reconoce el Cuerpo-Territorio, transforma necesidades vivas en solicitudes aisladas.
El problema del agua es enviado a una secretaría.
El problema de la salud sigue hacia otra.
El trabajo, la vivienda, la educación y la protección ambiental entran en filas diferentes.
El Cuerpo-Territorio permanece entero.
Es el Estado quien lo fragmenta.
Tal vez por eso tantas personas experimentan al Estado principalmente como cobro, espera, vigilancia o castigo.
Aparece con fuerza para exigir documentos, pagos, plazos y obediencia.
Pero puede aparecer debilitado cuando los ciudadanos necesitan cuidado, protección o participación.
Mientras tanto, quienes concentran grandes cantidades de capital encuentran formas de transformar recursos privados en acceso jurídico, presencia política, influencia comunicacional y tiempo permanente frente a las instituciones.
El resultado es una sensación compartida:
El Estado que oprime a los Cuerpos-Territorios parece estar frecuentemente disponible para proteger y ampliar el poder de los superricos.
La velocidad también distribuye poder
El Estado no responde únicamente con dinero.
Responde con velocidad, atención, información, autorización y capacidad para coordinar instituciones.
Cada respuesta revela qué caminos ya están pavimentados.
Cuando una gran organización enfrenta riesgos, especialistas, informes y mecanismos financieros pueden activarse rápidamente.
Cuando una comunidad pierde su fuente de agua, muchas veces necesita primero demostrar que el problema existe, identificar quién es responsable y esperar que diferentes organismos decidan quién deberá actuar.
Cuando una empresa desea explotar un territorio, encuentra crédito, consultorías y conocimiento técnico.
Cuando los habitantes quieren comprender los impactos, pueden encontrar documentos extensos, audiencias lejanas y un lenguaje que no nació de su experiencia.
La desigualdad no aparece solamente después de que el Estado termina de actuar.
Puede estar incorporada en la propia arquitectura que decide dónde, cuándo y con qué intensidad actuará el Estado.
El problema no es únicamente quién posee más recursos.
Es quién consigue transformar esos recursos en prioridad pública.
Cuando el interés privado se convierte en regla general
El poder no vive en una única habitación.
Circula.
Una ventaja económica puede comprar visibilidad.
La visibilidad puede producir aceptación.
La aceptación puede abrir camino a una nueva norma.
Esa norma puede crear una nueva ventaja económica.
Entonces el ciclo comienza otra vez, ahora más fuerte.
Los intereses privados no necesitan controlar completamente al Estado. Es suficiente que tengan una mayor capacidad para acompañar decisiones, contratar especialistas, sostener narrativas y permanecer durante años frente a las instituciones.
Mientras tanto, la mayoría de las personas participa en la vida pública entre el trabajo, el transporte, los cuidados familiares y las emergencias cotidianas.
El poder también es una diferencia en el tiempo disponible.
Cuando esta diferencia se vuelve permanente, los intereses privados comienzan a hablar como si representaran las necesidades de toda la sociedad.
La concentración aparece como eficiencia.
El beneficio privado aparece como crecimiento.
La transferencia de recursos públicos aparece como inevitable.
Y aquello que podría haber sido discutido colectivamente llega a los Cuerpos-Territorios como una regla ya decidida.
El Neuro Desafío Latam
¿Cómo percibimos que una regla beneficia siempre a las mismas personas?
No toda desigualdad aparece como violencia visible. Algunas distribuciones parecen naturales porque encontramos las reglas ya establecidas. Otras son aceptadas porque no se presenta ninguna alternativa o porque el costo de cuestionarlas parece mayor que el posible beneficio.
El Neuro Desafío Latam propone transformar esta experiencia en una pregunta investigable:
¿Qué sucede cuando una persona percibe que puede participar en una decisión, y qué sucede cuando siente que simplemente debe aceptarla?
Podemos imaginar una tarea sencilla.
Un grupo recibe recursos para distribuir.
En una situación, todos participan en la creación de las reglas.
En otra, las reglas son definidas por una autoridad distante.
En una tercera, la mayor parte de los recursos permanece concentrada en pocas personas, pero la distribución es presentada como necesaria para el funcionamiento del sistema.
El valor recibido sería solamente una parte de la experiencia.
También observaríamos si la persona:
comprendió las reglas;
consideró legítima la distribución;
sintió que podía cuestionarla;
percibió otras posibilidades;
cambió su decisión después de participar en la creación de las reglas.
El EEG podría acompañar momentos rápidos de expectativa, comparación y evaluación de los resultados.
La NIRS podría observar la actividad prefrontal mientras la persona integra reglas, consecuencias y conflictos entre el beneficio individual y el resultado colectivo.
Pero el punto más importante tal vez aparezca después de la señal.
Una persona puede aceptar una distribución porque la considera justa.
Puede aceptarla porque cree que no existe otra alternativa.
Puede rechazarla porque perdió la confianza en las reglas.
También puede imaginar una forma de organización que el experimento todavía no había ofrecido.
Por eso, el EEG y la NIRS se combinarían con decisiones observables y relatos en primera persona.
La señal mostraría cuándo algo exigió mayor atención, comparación o esfuerzo.
La palabra ayudaría a comprender qué estaba siendo vivido en ese momento.
La investigación no buscaría una “onda cerebral de la justicia”.
Buscaría comprender cómo distintas formas de participación modifican la experiencia de decidir en conjunto.
Tal vez la pregunta no sea solamente cómo responde el cerebro ante una regla injusta.
Tal vez sea:
¿Qué cambia cuando dejamos de recibir las reglas y comenzamos a participar en su creación?
Redistribuir la capacidad del Estado
Si el problema es una concentración de capacidades, una nueva orden democrática deberá hacer algo más que redistribuir ingresos.
Necesitará redistribuir:
tiempo de respuesta;
acceso a la información;
protección jurídica;
conocimiento técnico;
presencia comunicacional;
capacidad de fiscalización;
poder para iniciar una agenda;
autoridad para interrumpir un daño.
El Estado no necesita perder su capacidad de garantizar contratos u organizar mercados.
Necesita desarrollar, con una fuerza semejante, la capacidad de proteger Cuerpos-Territorios y Biomas.
Podemos imaginar comunidades con acceso permanente a equipos técnicos independientes.
Podemos imaginar información pública comprensible antes de que una decisión sea tomada.
Podemos imaginar emprendimientos obligados a responder las preguntas del territorio, en lugar de invitarlo únicamente a reaccionar ante proyectos ya diseñados.
Podemos imaginar mecanismos capaces de identificar cuándo una misma red comienza a concentrar crédito, propiedad, información e influencia normativa.
Esto exige algo distinto de un Estado simplemente más grande.
Exige un Estado consciente de cómo distribuye su propia fuerza.
Tal vez eso era lo que las dos puertas del comienzo intentaban mostrarnos.
Una no necesita cerrarse para que la otra se abra.
El conocimiento jurídico que protege un contrato también puede proteger un manantial.
La velocidad utilizada para estabilizar un mercado también puede reconstruir una comunidad.
La inteligencia capaz de rastrear una deuda también puede rastrear la riqueza producida por un territorio.
La capacidad ya existe.
La pregunta es dónde decidimos colocarla.
El Neuro Desafío Latam comienza cuando comprendemos que el Estado no es solamente una institución distante.
Es una distribución de atención colectiva.
Y cuando reconocemos dónde se ha acumulado esa atención, podemos comenzar a moverla.
No para construir un cuerpo político sin diferencias.
Sino para que ningún Cuerpo-Territorio permanezca oprimido mientras una pequeña parte del sistema continúa creciendo sin límites.
Referencias esenciales
Calejon, C.; Roncaglia, A. Poder e desigualdade: o retrato do Brasil no começo do século XXI. Civilização Brasileira, 2024.
Cárdenas, J.; Nercesian, I.; Robles-Rivera, F. El presente y futuro de las élites en América Latina: captura del Estado, desigualdad y redes empresariales. CLACSO, 2022.
CEPAL. La trampa de la alta desigualdad y la baja movilidad social en América Latina y el Caribe. 2024.
Lustig, N.; Martínez Pabón, V.; Pessino, C. Fiscal Policy, Income Redistribution, and Poverty Reduction in Latin America. Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.
Mosqueira, E.; Alessandro, M. State Capacities and Wicked Problems of Public Policy. Banco Interamericano de Desarrollo, 2023.
PNUD. Democracy and Development Report 2026: Democracies Under Pressure. 2026.